El legado de una tradición viva
En 1969, el Banco de México implementó un programa para capacitar a comunidades rurales en actividades que brindaran desarrollo económico y social. Maestros artesanos fueron enviados a Temoaya para enseñar la técnica de anudado indio, similar a la utilizada en Irán y Pakistán.
Un grupo de mujeres otomíes de Temoaya, decidió aprender esta técnica recibiendo una beca como incentivo, sin horario fijo para no afectar sus actividades domésticas. Así nació una tradición que perdura hasta hoy.
Hoy, artesanas como Imelda Bermúdez Rivera, con más de 35 años de experiencia, continúan este legado. Como ella misma dice: "Aquí seguimos, porque nos gusta, porque son bonitos y por amor a nuestras tradiciones".